viernes, 4 de abril de 2014

Ensalada de apio y alcachofas moradas


En el post de la semana pasada comentaba que increíblemente me había comido –y disfrutado- un postre a base de yogur, cuando nunca me ha gustado.
Pero lo que realmente evidencia la evolución del gusto es que la que siempre había huido de la ensalada de apio como de la peste ahora sueña con ella cual embarazada antojosa –tranquilos, no es el caso-.
Empecé tímidamente pero, de Navidad a esta parte, a la mínima que puedo corto unas ramitas de apio que le dan un agradable frescor y texturas a las ensaladas con aguacate, papaya o lo que se tercie.
El aliño bien sencillo, zumo de limón, aceite de oliva virgen, pimienta blanca y sal.
Esta ensalada de apio y alcachofas moradas la he aliñado con un aceite del que quería hablaros desde que lo compré en uno de mis rinconcitos favoritos de Palma, Las Gracias. Un lugar donde tomar un café o un gin tonic, comprar caprichitos gastronómicos de dentro y fuera de la Isla o pequeños detallitos.


Se trata de un aceite de oliva arbequino infusionado al humo de madera de roble de Castillo de Canena que me gusta utilizar en ensaladas o carpaccios de carne, ya que sin perder ese sabor característico sabor a ‘verde’ de los aceites de arbequina, le da ese puntito sutil de ahumado al plato.
Por cierto, ese mismo día también me llevé unas arbequinas de Olivella, la línea de aceitunas de autor de Olis Solivellas. Están aliñadas con canela, anís estrellado, vainilla y aceite de oliva, lo que les da un toque particular, además ¡acabas mojando pan en la salsita o utilizándola para aliñar alguna ensalada!

Para 4 personas
10 ramas de apio fresco
6 alcachofas moradas bien prietas
2 ramas de perejil fresco
El zumo de un limón
2 cucharadas de aceite de oliva virgen
Pimienta blanca al gusto
Sal al gusto
 
En primer lugar procedemos a despojar de fibras las ramas de apio. Para ello, con el cuchillo al bies hacemos el gesto de cortar uno de los extremos de la rama, de la cara interna a la externa, solo que sin llegar a cortar del todo para llegar a las fibras. Entonces, tiramos terminamos de rasgar el extremo y tiramos hacia abajo, procurando que no se trunquen los hilillos, para así no dejar restos de las fibras.
Cortamos a rodajitas y ponemos en remojo.
Quitamos las hojas exteriores de las alcachofas y el troncho. Aunque estén tiernas, eso no quita que tengamos que retirar al menos unas 3 capas. Mejor no ratear que después no poder ni hincar el diente.
Con el cuchillo, perfilamos la base de la alcachofa para retirar las rebabas de las hojas exteriores, y las laminamos. (Al ser tiernas, damos por hecho que no hay pelillos en el corazón)
Rápidamente para que no se oxiden las ponemos en remojo en agua fresca con las ramitas de perejil o, en su defecto, con el zumo de medio limón.
Cuando llegue la hora de servir, escurrimos muuuuuuuy bien, colocamos en un bol y aliñamos con el zumo de limón, la sal, el aceite y la pimienta blanca.

 

2 comentarios:

  1. Hola!! esta ensalada me encantaria probarla, las alcachofas moradas no las he tastado nunca, me parece que son buenisimas y el aceite arbequino excelente, me ha gustado!, besitos y gracias
    Silvia

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    Respuestas
    1. ¡Hola Silvia! Te animo a hacerla, pues es ideal para variar un poco de las ensaladas de hoja. Si no encuentras alcachofa morada, las verdes de toda la vida también están buenas en crudo, eso sí, siempre que sean bien tiernitas.
      ¡Gracias por tu visita y por tu comentario!

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