viernes, 13 de diciembre de 2013

Tarta de tiramisú con almíbar de café



Es curioso cómo cambiamos con la edad. A mi no me gustaban ni los callos ni las manitas de cerdo, no tanto por el sabor como por la sensación pegajosa que se me quedaba en los labios o los garbanzos, que aún en potaje me cuesta, pero en hummus, falafel o bhaji me chiflan.
Quizá cuando se nota más es con la gente mayor, que pasan a convertirse en unos golosos de campeonato, por lo menos en mi casa, que hemos pasado de no tener postre más que en los días especiales como cumpleaños y Navidad tenerlo todos los domingos, que es cuando viene mi abuela, tremenda fan del milhojas y de la nata montada, pero la de verdad.








Quizá por ello, yo que prácticamente siempre pienso en salado, me pongo las pilas un poco más a menudo con el dulce.
Teniendo en la nevera mascarpone y nata es dificil no pensar en tiramisú. Lo único es que tenía unas galletas maría sin azúcar que no eran muy sabrosas ni mojadas en la leche que debía utilizar, por lo que pensé ¡al diablo con las soletillas! y decidí hacer una masa crujiente de galleta con almendras que al principio iba a aromatizar con café soluble.



Como se me olvidó ese paso, acabé preparando un almíbar de café que fue lo que le acabó dando un toque especial a esta tarta.


Para 4 personas (molde de 15cm)

La masa
75g de galletas María (Pueden ser sin azúcar o integrales)
50g de almendras
45g de mantequilla

Molemos las galletas junto a las almendras con la picadora hasta conseguir como un pan rallado. Añadimos la mantequilla a ese polvo en la misma picadora y accionamos hasta que se integre con la “harina” de galleta y almendra.
Para que nos sea más sencillo extenderla y formar las paredes en el molde desmontable, formamos una pelota y refrigeramos unos 20 minutos.
Precalentamos el horno a 180°
Pasado ese tiempo, extendemos la masa en un molde desmontable subiendo las paredes unos tres dedos de altura, procurando que no quede demasiado gruesa.
Horneamos durante unos 15 minutos o hasta que empiece a dorarse. Dejamos enfriar sobre una rejilla.
Y damos un golpe de nevera de unos 20 minutos.


El almíbar de café

½ taza (250ml) de café (mejor si es espresso)
¼ de taza de azúcar

En un cazo a fuego vivo, llevamos a ebullición ambos ingredientes. Cuando hierva, reducimos a fuego medio-bajo y dejamos que reduzca hasta que se forme el almíbar. Para comprobar si está listo, derramamos una gota sobre una superficie fría y si al tacto tiene una textura cremosa, es el momento de apagar el fuego. Al enfriarse por completo adoptará su textura definitiva almibarada.

El tiramisú
250g de mascarpone
200g de nata para montar bien fría
4 cucharadas de azúcar
1 lámina de gelatina neutra

En primer lugar, ponemos en remojo la gelatina en un cuenco con agua fría para que vaya hidratándose.
En un bol, mantecamos el mascarpone removiéndolo con una espátula o lengua hasta que quede bien cremoso.
Reservamos una tacita de nata y batimos el resto con ayuda de las varillas eléctricas. Cuando empiece a espesar, agregamos poco a poco el azúcar. Seguimos batiendo un minuto más y, cuando empiecen a marcarse los surcos de las varillas, dejamos de batir.
A continuación, cucharada a cucharada, incorporamos la nata montada al mascarpone con movimientos envolventes -de abajo a arriba- hasta conseguir que se unifiquen los dos elementos.
Por último, calentamos un poco la tacita de nata y la introducimos en un lebrillo. Escurrimos bien la lámina de gelatina y la sumergimos en la nata removiendo hasta que se funda.  Rápidamente, antes de que se temple la nata y cuaje la gelatina, iremos añadiendo la mezcla de mascarpone y nata igual que antes: cucharada a cucharada, con movimientos envolventes, hasta lograr que se liguen.
Es importante que añadamos el tiramisú a la gelatina y no al revés, porque de lo contrario cuajaría de forma brusca y podrían quedarnos grumos muy desagradables.


¡Montamos la tarta!
1 o dos cucharadas de cacao puro en polvo
Almíbar de café

Sacamos la base de galleta de la nevera.
Introducimos la mitad del tiramisú. Con ayuda de una cuchara, aromatizamos con un poco de almíbar de café dibujando una espiral o dibujos anárquicos y espolvoreamos con la mitad del cacao.
Ponemos el resto del tiramisú, aunque sobrepase los bordes de la galleta. Alisamos bastamente con la lengua y espolvoreamos con el resto del cacao.
El resto del almíbar de café lo ponemos en una salsera y serviremos con cada trozo de la tarta de tiramisú, al gusto de cada quien.

 

 

 

 

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