lunes, 16 de diciembre de 2013

Agujas de pollo



Se ve que yo era algo especialita para comer, y prefería llevar táper y comer en el patio antes que en el comedor del colegio. Los días que por un cosa o por otra no lo llevaba llegaba mi madre a mediodía con un paquetito del horno de al lado de su trabajo (para dar más pistas, en la calle Bonaire)  con una mini coca de trempó y una aguja de pollo, que son como unas tartaletas de hojaldre rellenas de una masa de pollo que, aunque no lo parezca, resultan muy ligeras al paladar.




Más mayor al pasar por la panadería, de vez en cuando, me daba el capricho de una aguja. Hasta que un día, al volver de Barcelona entré en este mismo horno deseando comerme una después de mucho tiempo. Cuando la dependienta cogió una pasta que no reconocí –en vez de alargada con dos tiras en cruz, era una empanadilla barriguda y con un dibujo enrejado-, pensando que no me había entendido, le aclaré que lo que yo quería era una aguja. Ella, muy convencida, me dijo que no se equivocaba, es más se reafirmó diciendo que siempre habían sido así y me comentó que las de carne eran riquísimas, pues estaban hechas con carne picada. Yo, muy contrariada, le dije que nunca las había probado.
Mi sorpresa-decepción-indignación llegó, ya en casa, al pegar el primer mordisco y encontrarme con una pechuga de pollo entera sin nada más, en lugar de estar ligada con una fina bechamel con pollo y huevo duro.
Reconozco que me inundaron las dudas respecto a mis recuerdos y no fue hasta que fui a La Deliciosa cuando volví a ver y comer la aguja “de siempre”. Comentándolo con la panadera, que fue muy amable al contarle que mi intención era probarlas, me contó que su secreto era que el pollo era asado.
Pues bien, actualmente son pocos los hornos que aún las ofrecen y no he encontrado la receta en ninguno de los libros de cocina mallorquina que rondan por casa, así que me puse manos a la obra para sacarla por mí misma.







Para ello decidí utilizar la masa de hojaldre de los cremadillos de Miquel del Forn de Sa Pelleteria, que pienso es bastante sencillo y, sabiendo la cantidad de grasas trans que contienen los hojaldres precocinados, bien vale la pena el esfuerzo.







Para 4 agujas de pollo
 
La masa
Encontraréis la receta en el post sobre los cremadillos. Con las cantidades indicadas sobra un poco, que podéis conservar en la nevera o en congelador o bien aprovechar para hacer unos saladitos añadiendo semillas o queso.

El relleno
130g de carne de pollo asado (1 pechuga)
2 huevos duros
½  (175g) de cebolla
1 ½ tazas de leche (yo utilizo desnatada)
1 cucharada de harina
Sal
Pimienta
2 cucharadas de aceite de oliva

Picamos el pollo bien fino a cuchillo o bien con ayuda de la picadora.
Picamos la cebolla menuda.
Ponemos en una sartén el aceite y la sentamos en el fogón a fuego medio, echamos la cebolla y la pochamos. Cuando esté transparente, apartamos del fuego y echamos la harina y removemos enseguida hasta que quede bien integrados los dos ingredientes. Añadimos un chorrito de la leche sin parar de remover para que no se formen grumos y devolvemos al fogón y agregamos el resto de la leche. Salpimentamos y seguimos removiendo.
Cuando veamos que vaya romper a hervir y ya haya cogido un poco de espesor, añadimos el pollo y removemos bien. Cuando haga el amago de volver a borbotar apagamos el fuego.
Picamos los huevos duros y los añadimos a la bechamel. Reservamos.

Las agujas
Precalentamos el horno a 180°.
Estiramos el hojaldre con el rodillo hasta que haga 2 milímetros de grosor aproximadamente. Si los moldes son alargados, recortamos unos rectángulos. Si son redondos, lo más cómodo es cortar unos cuadrados a los que haremos una incisión en una de las esquinas para que se adapte bien  al cilindro. Forramos los moldes apretando con la yema de los dedos las esquinas de unión entre la pared y el fondo.
Recortamos las puntas que sobren de arriba a ras del molde. Rellenamos con la bechamel de pollo.
Horneamos de 40 a 50 minutos.
Dejamos enfriar y servimos.

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