jueves, 21 de junio de 2012

Carpaccio de melón con salmón salvaje de Alaska



Siempre he envidiado ese especial talento que tienen algunos para escoger melones, sandías y piñas en su punto justo de maduración.
Por mucho que me expliquen que tocando los extremos del melón o, según esté el mechón de la piña, te aseguras una fruta dulce y tersa, yo he terminado desarrollando un sistema propio –que reconozco puede resultar peculiar para quién me observe- que al final está siendo bastante exitoso.
Simplemente me acerco a los melones o sandías ya cortados por la mitad (sellados con su plástico) y, sin tocarlos, me dedico a olfatearlos elegantemente hasta que encuentro la pieza que me cautiva por su aroma. ¿Sencillo, no?


Y como de melón con jamón no se debe vivir en verano, os dejo una alternativa igual de sencilla -que en un momento dado fue un modo de reciclar un trozo de salmón a la plancha, pero que ahora ya es un plato por sí mismo, vamos que compro el melón y el salmón a propósito-.
Eso sí, el melón ha de ser bien dulce y aromático, ya que la clave es la combinación del dulce con el salado.
Como veréis, en la receta pongo aceite de nueces y flor de sal con shisho. Tomadlo como una sugerencia, obviamente con un buen aceite de oliva virgen y sal corriente obtendremos un magnífico resultado.
¡Ah! y si queréis adelantar el plato unas horas antes de servir, basta con laminar el melón, colocarlo en el plato y guardarlo en la nevera protegido con papel film. Antes de sacarlo a la mesa sólo habrá que añadir el resto de ingredientes.


Para personas 2
140g de melón (una rodaja ya sin piel)
140g de Salmón salvaje de Alaska a la plancha
3 o 4 aceitunas negras
Alcaparras en vinagre
Virutas de Grana Padano
Flor de sal con Shisho
Aceite de nueces

 Laminamos el melón bien finito. ¡Si tienes mandolina, mejor que mejor!, si no, a cuchillo y con paciencia. Lo colocamos en el plato en una sola capa.
Laminamos las aceitunas negras y cortamos un poco las alcaparras (enteras quedan más bonitas, pero da la sensación de no repartirse tanto el sabor). Esparcimos por encima del melón.
Desmenuzamos el salmón asegurándonos de que no quede ninguna espina. Repartimos por el plato.
Salamos teniendo en cuenta que la flor de sal (o muchas de ellas) son muy suaves, por lo que hay que ser generoso.
Por último, añadimos las virutas de Grana Padano (obtenidas con un pelapatatas) y un hilillo de aceite de nueces.








2 comentarios:

  1. Pues qué contraste tan rico, además tienes razón, se deja preparado antes y es una comida en un santiamén. Me ha sorprendido lo de la sal con shisho, no tengo ni idea de lo que es así que voy a informarme. BEsos

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  2. Quise adelantar la preparación, pero no estaba segura de que el melón no soltara agüita tras unas horas, pero no, quedó perfecto.
    Lo mío con las sales es un verdadero diógenes, tengo un surtido que marea y me encanta ir variando.

    Saludos!

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