martes, 8 de mayo de 2012

De picoteo en la Fàbrica Moritz Barcelona



La Fàbrica Moritz Barcelona está a punto de cumplir seis meses tras su apertura como centro gastronómico y no dejo de recomendar su visita, pues me ha cautivado.
Me entusiasma todo el proyecto, desde la recuperación de un espacio con una gran historia a sus espaldas a todo lo relacionado con la reforma y diseño de Jan Nouvel, el jardín vertical de Patrick Blanc, así como todos los planes que se pretenden poner en marcha de forma paulatina como el Bar à Vins, la braseria o la tienda donde comprar pan de alta calidad o cerveza a granel.
Hace tiempo que quería escribir este post, pero, la verdad, las ganas de probarlo todo me hacían olvidar hacer la foto de rigor, y, como no tengo un foto blog dedicado a los platos vacíos como Marta Miranda con Dirty Dishes, se ha retrasado el asunto.

La carta es muy amplia, tanto que a veces me estreso intentando decidir qué pedir. En un guiño al fundador de la Moritz, Louis Moritz, de origen alsaciano, el menú combina platos de esa zona, con otros muchos propios del tapeo mediterráneo, catalanes o especialidades propias de cervecería.
Codillo, fish&chips, flammkuchen… se codean con ostras, nécoras, con bocatas de calamares o de manitas de cerdo con cerdo, huevos rotos con sonsos de La Barceloneta... todo “diseñado” por el cocinero Jordi Vilà, que tan buen trabajo hizo en el Bar Velódromo.

Como otros cientos de miles de personas padezco la “bravamanía”, así que en mi primera visita calibré si merecía la pena volver tan sólo con unas bravas, las d’aquí y una cerveza fresca, cuando digo fresca no me refiero a fría, sino elaborada en la microcervecería y sin pasteurizar.
Alioli con el punto justo de ajo y aceite de pimiento choricero, a eso saben esas bravas que no entienden de congelador ni de prefrito -muy buenas, pero si me dieran a escoger, las de El Velódromo serían las elegidas, menos mal que en cierto modo todo queda en casa-



Por el nombre, esperaba de las croquetas crocant de jamón que al abrirlas se deshicieran –pero claro entonces serían fondant-. Crujientes por fuera, sin formar una costra inexpugnable y suaves por dentro con sabor a jamón, pero también a nata con cebollita confitada.



No sé qué me gusta más de la cocotte de Capipota a la mantequilla (morro y pies de cerdo con garbanzos), si el propio guiso o la ollita en la que lo sirven, de hierro colado sobre una tablita que no se separa de ella gracias a un imán. Obviamente el mérito se lo lleva que no se percibe como un plato contundente y nada graso en el paladar.





Plato con salsita, reclama pan, sobre todo si cuenta con el respaldo de Triticum, los panaderos de los grandes restaurantes. Sin duda, recomiendo el de Epidor, la cerveza negra de la Moritz, crujiente y con un sabor suave pero acentuado.


Los postres, ¡ayyyyy, el postre! Sin duda, el fondant en terrina con helado de vainilla supera toda expectativa, pues nada tiene que ver con el bizcochito de corazón fundente. También tibio, con migajas de algo así como una galleta de chocolate crujiente y un helado de vainilla de los de verdad (tan bueno que me tiré encima sin pensar en la foto… ups, lo siento)

No los pedí esta vez, pero vale la pena probar la tartiflette, gratinado con patatas, queso y crema muy reconfortante y sabrosa y Tarta Sacher de chocolate blanco. Yo, que no soy nada amiga del chocolate blanco, lo encuentro muy dulce y empalagoso, pero tuve la oportunidad de probar la y es como comer aire, deliciosa.
Las cervezas son de por sí pequeñas y, en relación al precio, son caras, así que si vas a tomar más de 2, sale más económico pedir una jarra. No dejarás ni gota.

Además de comer, también vale la pena aprovechar para ir al baño y curiosear por lo que eran los tanques de obra donde se curaba la cerveza o, simplemente, por el baño mismo, aunque me han dicho que el de los hombres tiene más misterio. ¡Quizá la próxima vez!

2 croquetas crocant de jamón
Bravas d’aquí
Capipota a la mantequilla
Pan Epidor
2 fondant de chocolate en terrina con helado de vainilla
3 cervezas frescas
1 café solo
1 cortado
34.00 euros

Fàbrica Moritz Barcelona
Ronda de Sant Antoni, 39-43
Barcelona




2 comentarios:

  1. Interesante...me lo apunto y me quedo por aqui. besos Acaramelada

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  2. ¡Gracias por tu visita Maria José!

    Saludos

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¡Gracias por visitar Un hervor!