miércoles, 8 de febrero de 2012

De Clamato, enchiladas y gorditas



Si bien, en mi reciente viaje a México DF, no pude dar rienda suelta a mis ansias por probarlo todo, venga de donde venga y salga de donde salga, no puedo decir que no descubrí nuevos sabores ni que no haya disfrutado con la comida.
Tuve la oportunidad de alzar el espíritu con un resopón a base de esquites, una sopa picante con elotes (maíz), queso tierno y aromatizado con epazote –una hierba aromática que, por lo menos en seco, recuerda a la albahaca - que viene la mar de bien después de haber brindado alegremente por los novios con caballitos de tequila a base de bien y antes de que te sirvan unos chilaquiles -tortilla de maíz frita troceada servida con crema, frijol, cebolla, salsa verde y cilantro, mucho cilantro- a las tres de la mañana.



Huitlacoche y caldo verde en La Cava

Tacos de pastor, con carne de cerdo asada, tacos de pollo, enchilada con mole -que comí en el Café Tacuba, un clásico que no defrauda-, el caldo verde a base de chile poblano del restaurante La Cava o la sopa de tortilla -trocitos de tortilla frita sobre la que te ponen al gusto queso, aguacate y chile deshidratado- ... ¡y tantas cosas que quedaron por probar!
  Enchiladas con mole

Eso sí, de aperitivo un buen Clamato -zumo de tomate y vegetales con caldo de almeja-, a poder ser con sal, chilito y tamarindo en polvo en el borde. Pocas cosas me gustan más que lamer con la punta de la lengua el vaso antes de pegar un buen sorbo.

Pensé que era el síndrome del turista cuando me empeñé en ir a Xochimilco, pero para nada. Los jóvenes va a hacer botellón -ya me gustaría a mí haber tenido tremendo entorno para hacerlo- y las familias van a pasar el día. Allí probé el chayote y vi la pericia con que las mujeres pueden hacer veinte cosas a la vez en una superficie tan inestable. ¡La variedad de quesadillas asusta! Yo, de Huitlacoche y de flor (de calabacín) y, cómo no, unas papas fritas regadas con salsa Clementina y lima.


Además de comprar en el mercado unas gorditas de chicharrón, las probé utilizando el comal -plancha- del que ya vienen dispuestas las cocinas allá, es más, en una cocina de obra con una plancha que había que levantar con un gancho para encender el gas. Una gozada para tostar el pan y para hacer las tortillas, claro.





En esa misma cocina, la de los Escofet, gocé desayunando todos los días e, incluso haciendo una coca de trampó. De hecho, creo que la echaré de menos toda la vida, pues es un sueño de cocina, muy luminosa y práctica.

Pues sí, se me hizo corto, tanto que, ya de vuelta, con lo que pienso será un buen libro iniciático bajo el brazo -Los clásicos de la cocina mexicana de Ricardo Muñoz Zurita (Larousse)- y, tras una primera visita al puesto de La Boquería donde me aprovisiono de ingredientes latinos del que regresé cargada con maíz azul, epazote, chile piquín…, ya estoy intentando decidir con qué plato me estrenaré. Aunque, ¡demonios!, la rigidez de las líneas aéreas con el exceso de peso hizo que desistiera de traerme una tortillera con la que hacer mis propias tortillas… pero también es cierto que ya llevaba un molcajete -mortero- de piedra volcánica que algún día será mío (a quién corresponda) y un plato que hará las veces de comal –plancha donde cocer las tortillas- o piedra de horno-

2 comentarios:

  1. Oido cocina!
    Despues de salivar leyendo, no se si podré resistir mucho tiempo a catar algún platillo de estos, aunque sin Spanair habrá que otear a como van las escapadas

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  2. Ya estoy ensayando. Mal que me pese, siempre quedará Ryanair... puaj

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