lunes, 14 de noviembre de 2011

Coquitas de pimientos amarillos con anchoas

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Debía ser allá por el año 1997, cuando le contaba por teléfono a mi madre que había visto unos pimientos de color amarillo y unas berenjenas albinas, otras rayadas y que, al regresar de mi viaje le enseñaría las fotos.
Se lo contaba con la admiración de quien acaba de descubrir algo tremendamente exótico y, de hecho, cuentan con un lugar especial en el álbum de fotos de aquel viaje a Estados Unidos.


Los pimientos amarillos hace años que se pueden encontrar fácilmente en mercados y supermercados, al igual que las berenjenas rayadas, que ya no llaman tanto la atención.
Tras la viveza del color, del pimiento amarillo siempre me ha atraído su sabor afrutado, casi siempre lo como en crudo, como mucho salteado en un wok, pero nunca lo había cocinado "por completo".
Y no me ha decepcionado, ya que, sin dejar de ser pimiento, asado lo he encontrado más digerible que el rojo, que a veces puede ser muy persistente.
Antes de hacer la coca habíamos preparado unas castañas a la sal, estuvieron buenas, pero esta vez  nos tocó una tanda no muy buena: un poco secas, algunas rajadas –dicen que por la falta de lluvias de esta temporada-.


Sobraron un puñadito de castañas y, además aún tenía la sal gruesa que utilizamos para asarlas sobre la bandeja del horno, así que prácticamente por inercia decidí asar los pimientos sobre ella. Con las castañas, tras pelarlas bien, las pasé por el procesador hasta formar una harina -es en esos momentos cuando una piensa en la thermomix-, pues me pareció buena idea utilizarla para la masa.


Ambas cosas dieron buen resultado. Los pimientos, asados a una temperatura media durante una hora aproximadamente, se asaron pero no tostaron y la sal evitó que se formara la costrita más negra en la parte del pimiento que toca con la bandeja, lo cual vino muy bien para preservar el vivo amarillo de la hortaliza.

La base de la coca, con ese 45% aproximadamente de harina de castaña asada, resultó muy crujiente y hojaldrada de forma natural, sobre todo con ese tostado extra que tanto me gusta. Eso sí, es una masa delicada que se humedece facilmente, por lo que es mejor no tardar en comerla más de unas horas. 

Claro está que si no tenéis a mano las castañas asadas, podéis utilizar la base de coca simple de recetas anteriores. 

Para 6 coquitas o 1 coca mediana

5 pimientos amarillos
1 guindilla verde natural
Anchoas en aceite
2 ajos
½ taza de aceite de oliva
½ taza de agua
80g de castañas asadas pulverizadas
95g de harina
Sal
Vinagre
Aceite de oliva

Los pimientos asados

Asamos los pimientos durante 1 hora a unos 180º (dependiendo del horno). Les quitamos la piel y las semillas (hay quien los pela aún en caliente, pero si están bien asados se pueden pela perfectamente en frío -y sin pasar penalidades-)
Con los dedos los deshacemos en tiras y los depositamos en un recipiente donde los aliñaremos con los ajos machacados, sal, aceite y vinagre.

La masa

Precalentamos el horno a 200º
Ponemos en un lebrillo el agua, el aceite y una buena pizca de sal. Vertemos la harina de castaña y removemos bien con un tenedor de madera. A continuación, iremos añadiendo poco a poco la harina, hasta el momento que se forme una pelota alrededor del tenedor -según la harina podría ser más o menos de la cantidad indicada-

Dividimos la masa en 6 pelotitas. Engrasamos los moldes con aceite.
Haremos la base de las cocas extendiendo la masa con la ayuda de los dedos. Los bordes han de quedar un poco más gruesos que el resto de la base.
Introducimos en el horno unos 15 minutos o hasta que comience a dorarse la masa.

La corona

Escurrimos bien los pimientos aliñados.
Lavamos la guindilla y la cortamos a aritos.
En cuanto saquemos la masa del horno, colocamos rápidamente -para que la humedad del pimiento no cale la masa- el pimiento asado y los aritos de guindilla y lo volvemos a introducir en el horno, esta vez durante 30 minutos.
Las podemos comer tibias o ya a temperatura ambiente, eso sí, con unas buenas anchoas sobre ellas.



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