miércoles, 17 de agosto de 2011

Tartar de tomate con bacalao

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Hay muchos que matarían por tener uno de esos amigos con casa en la playa y en la montaña, barco y una envidiable agenda de contactos que lo ubican en las fiestas más exclusivas, privilegios que comparte desinteresadamente con sus amigos.

Aunque es tentador, mi sueño va por otros derroteros: un amigo con un huerto -y con poca familia- al que llegados los calores le salgan por las orejas tomates, calabacines y berenjenas... hasta el punto de tener que ofrecérmelos a mí, que gustosamente le obsequiaría con tarros de conservas estrambóticas fruto de mi política de aprovechamiento feroz de todo lo que se pueda comer y, para que no se olvide de mí durante el invierno, de trozos de tarta, empanadas o cocas. Porque una es agradecida, claro está, y no hay que olvidar recompensar el arduo trabajo que supone mantener una huerta.
Es por eso que, cuando mi amiga Sara, me obsequió con un surtido de tomates fui la mujer más feliz del mundo, sobre todo cuando, al llegar a casa, fileteé uno y me lo comí con una pizca de sal y un hilillo de aceite de oliva virgen.
Trasteando por la web de la revista Cuina, encontré un tartar de tomate con anchoas que decidí adaptar, incluyendo las alcaparras de mi abuela, que recolecta en su jardín todo el verano al caer el sol con una cestita colgando del brazo desde que tengo memoria. Tras haberlas lavado y ahuyentado a las hormigas -cómo les gustan a las condenadas-, las dispone en tarritos con una pizca de sal y las cubre de vinagre. Durante el invierno acompañan las sopas mallorquinas y en verano le dan salero al trampó.
Apenas lleva más aliño que una Salsa Perrins, y no hay más sal que la que aporta el propio bacalao, pero condimentación no le falta. No solo por el cilantro, sino por la selección de semillas que componen los germinados -en este caso un combinado a base de alfalfa, lino, sésamo, rúcula, hinojo, fenogreco y mostaza blanca que comercializa la casa Mascarell bajo el nombre de Mix Energía-, entre los que predomina suavemente el sabor del hinojo y el fenogreco.



Para 2 personas (plato único)

10 tomates maduros pequeños
½ cebolleta grande
150g de bacalao desalado
2 cucharaditas de alcaparras en vinagre
Germinado de hinojo, fenogreco, alfalfa…
½ limón
1 cucharada de salsa Perrins
Aceite de oliva
Cilantro fresco

Cortamos el bacalao desalado en tiras y las marinamos (al menos unas horas antes) con 1 cucharada de aceite de oliva y el zumo del limón.
Cortamos por la mitad los tomates. Con la ayuda de una cucharita, extraemos las semillas y el agüilla.

Volvemos a cortar por la mitad para facilitar su pelado (a mi me resulta más sencillo que escaldarlos, sobre todo si igualmente los vamos a trocear) apoyando la piel del tomate sobre la tabla al tiempo que, desde la punta, deslizamos la hoja del cuchillo. Una vez pelados los cortamos a daditos finos y los reservamos sobre un colador para que drenen su agua.
Pelamos y picamos finamente la cebolleta. Haremos lo mismo un puñadito de las hojas de cilantro. Ponemos en remojo las dos cosas.
Picamos las alcaparras y las añadimos al tomate también la cebolleta y el cilantro bien escurridos (aún en el colador).
En el momento antes de servir, aliñamos con la salsa Perrins y emplatamos añadiendo el bacalao (sin el jugo) y los germinados.

Ah!!! con el agüilla y las semillas hice una salsa de queso feta que ya os contaré próximamente.

4 comentarios:

  1. El tomate con el bacalao me encantan. Estoy segura de que esta receta me gustaría mucho!

    Un beso

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  2. Entonces también fan de la esqueixada, me imagino...

    ¡Gracias por la visita y el comentario!

    Lydia

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  3. S, la portadora de la materia prima...31 de agosto de 2011, 23:07

    Me encanta el partidazo que le has sacado a mis tomates!!!!!...asi da gusto repartir los excedentes!
    BESOTESSSSSSS

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  4. Delicioso plato lleno de sabores y texturas.

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