domingo, 20 de marzo de 2011

De comida basura, ¡nada!



Me enorgullezco de ser una de esas generaciones perdidas que no entró en un McDonald’s hasta los 13 o 14 años, y sin más obligación que la que impone un cumpleaños de adolescentes. Hacía poco que se había inaugurado el primero en Mallorca y los niños no éramos tan machacones -o, al menos, no me lo parece a mí, cuando oigo la frase-justificación de los padres de hoy día cuando pronuncian un “es que tú no tienes hijos, si no los llevo… bla, bla, bla”, para argumentar que a ellos no les gusta, pero que no tienen más remedio –
Pero me encantan las hamburguesas, las hamburguesas con todo: el pan, el kétchup, la mostaza, el tomate, la lechuga, la cebolla y bacon y queso, si se puede. Primero eran de chiringuito – El Perro Loco o el Alaska en Palma; el Frankfurt de Torrent de l’Olla en Barcelona-.

Más tarde me “apijé” -también en esto- abrieron el Diner en la calle Sant Magí –Palma-. En Barcelona descubrí el Pim Pam Burger en el Born. Hamburguesas caseras elaboradas con carnes de calidad, con pan artesano, muy alejadas del precocinamiento plástico y del pan industrial.
Hay quien puede pensar que una hamburguesa es eso, una hamburguesa, comida rápida sin más de la que nada se puede esperar. Pero si yo tengo ganas de comer una hamburguesa, el ansia no se me pasa con cualquiera. Lo mismo me ocurre con una paella, una tortilla de patatas o el sushi.
Ayer, por fin, pude ir al Kiosko -en el Born de Barcelona- después de oír y leer mucho sobre esta hamburguesería gurmet. Eran las tres y media de la tarde y no cabía ni un alfiler –clientes extranjeros la mayoría-. Un híbrido entre restaurante rápido y uno de servicio en la mesa –haces tu pedido en el mostrador rellenando la comanda tú mismo, te facilitan una placa con un número para colocar en la mesa para que te la sirvan y, al marcharte, retiras platos y vasos- que, de por sí no me terminaría de convencer si no fuera porque las hamburguesas están brutales.
El hecho de ser gurmet implica un cierto tiempo en la preparación, así que como son muy rápidos en atenderte, después la espera se eterniza. El camarero se vuelve loco buscando entre tanta gente el número correspondiente a la comanda que ha de servir y llega a dar tres vueltas al local con los platos en la mano antes de depositarlos ante el hambriento comensal. A la larga esperarías lo mismo –pero la sensación sería distinta- si, una vez sentado, el camarero te trajera la carta rellenable, la viniera a buscar –apuntara a qué mesa pertenece- te trajera las bebidas…

Pero vamos a lo que importa: se puede escoger entre tres clases de pan –blanco, integral ligero o Deluxe brioxe-, entre 13 hamburguesas que combinan carne de vacuno, cordero, salmón o una preparación vegetariana y un sinfín de posibilidades que van desde el queso de cabra o manchego, la cebolla caramelizada, berenjena o remolacha… eso sin contar que las salsas –kétchup, teriyaki, chutney…- son elaboradas por ellos mismos.
Valió la pena la espera. Mi elección la Cayena –quizá poco picante para mi gusto- el pan estaba calentito, crujiente por fuera, blando por dentro. La carne en su punto, con el sutil sabor del grill y el tomate y los cogollos dándole ese punto de frescor insustituible. Estaba tan jugosa y compensada que por primera vez en mi vida no eché en falta la mostaza ni siquiera en las patatas.

Kiosko
Carrer Marqués de l'Argentera, 1 BIS
Barcelona

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