viernes, 12 de febrero de 2010

En la cola del supermercado

He de reconocer que mi cesta de la compra de hoy no era de lo más común, pero no me esperaba que tras pasar el código de barras de mi caja de tampones la cajera arrugara la nariz mientras con dos dedos a duras penas sostenía la bandeja de asadura de cordero.

Tengo la incomprensible costumbre de intentar caer bien a la gente y con una sonrisa le he dicho “si, ya sé que a mucha gente no le gustan estas cosas”, pero pronto ese deseo por agradar se ha esfumado al contestarme “es que estas cosas aquí no se comen”.

Mientras mi imaginario culinario tradicional español que va desde el frito mallorquín, pasando por el hígado encebollado hasta los figatells desaparecía de la historia de la humanidad, de repente me sentí indignada, no sólo por la incultura gastronómica de la cajera del supermercado, sino por cierto tono despectivo con el que enfatizaba “aquí”, sólo le faltó pronunciar la frase mágica, “los españoles”.

Podría haberme callado y pagar la compra sin más, pero quién me conoce sabe que eso es harto difícil. Así que sosegadamente le he explicado que, en todo lo largo y ancho de “la piel de toro”, toda la vida se han cocinado platos a base de interioridades y, como conclusión, me he permitido añadir “lo que pasa es que con los buenos tiempos se ha perdido el gusto por ello a favor del filete”.

A partir de ahí se ha iniciado un debate que han continuado las señoras que esperaban tras de mí en la cola acerca de si las manitas de cerdo es mejor comerlas con los dedos o, por el contrario, guardando las formas con cubiertos… Me encantan las colas del supermercado.

2 comentarios:

  1. Interesante. Lástima que algunos sólo coman con los ojos, no saben lo que se pierden! Te invito a conocer mi página, creo que te puede interesar.
    http://paambolibalear.blogspot.com/

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  2. Siempre que viajo, sueño con dos cosas. Una es encontrar un cartelito que ponga "comida casera" y ver a la típica lugareña que me ofrece el plato del día a base de guisados de origen; la otra es toparme con una barra de bar en la que puedo divisar todo tipo de exquisiteces, figatells, lleterola, riñoncitos. Sin olvidar los higaditos al baño maría. Yo como por lo ojos, pero en el sentido de que mis ganas de comer harían que pidiera toda la carta, por eso me gustan los sitios donde la carta es reducida, pero completa.
    Creo que me voy a hacer bastante fan de ambos blogs.

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